Villamarta, el sueño de un Marqués

Actualidad Taurina

Salvador Giménez


Los encastes de la cabaña brava han sido modelados por la mano del hombre. En todos, podemos afirmarlo sin temor a equivocarnos, el ser humano ha sido vital para su consecución. La búsqueda de la bravura, para mayor esplendor del espectáculo, fue la meta de los más reputados criadores. Su afición, dedicación y celo supuso, que a día de hoy, muchos de ellos continúen vigentes en la actualidad a pesar del tiempo transcurrido.

 


De ahí que la perdida de algunos de ellos, sea algo irreparable para el patrimonio inmaterial de una fiesta, o más bien rito, ancestral. Una de estas sangres, o encastes, hoy en horas bajas, es la que creara a principio del siglo pasado el aristócrata, don Álvaro Dávila y Ágreda, Marqués de Villamarta, conjugando de manera paciente animales de diversas y dispares procedencias, consiguiendo un toro que se ajustaba a su ideal de la bravura.


Muchos piensan que el Marqués se convirtió en ganadero de bravo en la segunda década del siglo XX. Fue en 1914, en plena efervescencia de la llamada 'Edad del Oro del toreo', cuando crea lo que hoy conocemos por sangre Villamarta, pero la realidad es que ya se inició en la cría del toro de lidia algunos años antes. Fue en 1894, concretamente el 4 de febrero, cuando adquirió 365 cabezas a Juan Vázquez, procedentes de la más pura rama de Vistahermosa, que pertenecieran a la familia Núñez de Prado.

 


No le tuvieron que satisfacer, a pesar de su inmejorable linaje, aquellos toros de Núñez de Prado, deshaciéndose de ellos en el año 1905. El marqués seguía soñando con un toro idealizado. No cejando en su empeño de conseguirlo y como el más hábil alquimista, prosiguió su búsqueda. Para ello se hizo con vacas de Murube y Urcola, de igual procedencia de las que ya tuvo anteriormente, y otras más de su cuñado Patricio Medina Garvey, procedentes del cura Hidalgo Barquero, padreando a todas éstas con dos sementales de Fernando Parladé. Poco después se hizo con reses de José Carvajal, añadiendo a la coctelera más vacas del conde de Santacoloma y dos raceadores del Conde de la Corte de nombres 'Mallorquín' y 'Segedano'.

 

Con tal amalgama de sangres consiguió su propósito y su toro ideal, comenzando con rapidez a figurar en los principales carteles, siendo estoqueados por espadas de relumbrón, quienes alcanzaron notables triunfos con los 'villamartas'. Con su muerte en los albores de los años treinta del pasado siglo, la ganadería no perdió notoriedad. De hecho la faena que encumbró a Manolete como figura máxima del toreo, tuvo lugar en la Real Maestranza de Sevilla, en la abrileña feria de 1941, cuando cortó los máximos trofeos a un bravo toro de la ganadería que nos ocupa. Desde entonces los nombres de Manolete y Villamarta permanecieron indisolublemente unidos.

 


La ganadería se desgajó con el tiempo en varias ramas, quedando la original en manos de don Alvaró Dávila Garvey, conservándose en manos de la familia hasta finales de los años setenta del siglo pasado. Otras fueron a manos de otros criadores quienes mantuvieron la bravura buscada y creada por el marqués. Decir que una de ellas fue adquirida por Carlos Nuñez, quien sabe si por consejo de Camará, que sirvió para la creación de otra casta peculiar.


Sin lugar a dudas quien mejor conservó la casta creada por Villamarta fue la familia Guardiola, capaces de mantener durante muchos años el nivel de la mejor época de la vacada, lidiando en las principales plazas de España y facilitando a los espadas que con ellos se acartelaban resonantes triunfos. Los villamartas de Guardiola pastaron en la célebre finca El Toruño, en el término municipal de Utrera, ligada a la cría de ganado de lidia, ubicándose en ella ganadería de tanto renombre como la de Murube.

 


Tal vez oscurecidos por sus 'hermanos' pedrajeños, los 'villamartas' de la familia Guardiola fueron lidiados con enorme éxito. Destacar los toros 'Escondidillo', el célebre Comando Gris, y 'Espantapájaros', ganadores de los premios al toro más bravo en Sevilla, concretamente en sus ediciones de 1975, 1977 y 1980. Hoy la vacada, reducida de forma notable, pervive esperando con esperanza volver a vivir y rememorar etapas de esplendor.


Morfológicamente el toro de villamarta es un animal hondo, largo y de alzada Finos de cabos y también bien encornados, una particularidad suele ser el corniblanco de las astas. Sus pelos más habituales son los negros, dándose el ocasiones el tostado o mulato, castaños, colorados y cárdenos, apareciendo de vez en cuando el berrendo en negro aparejado como testimonio de las vacas de Medina Garvey.

 

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