TOREROS SEVILLANOS | MANUEL PARRA FERNÁNDEZ
Mario Gómez
Para hablar de Manuel Parra Fernández hemos de remontarnos al siglo XVIII. Nació en Sevilla el 7 de Marzo de 1797, y desde muy joven empezó a ejercitarse en capeas pueblerinas destacando por su valor y arrojo. Figuró como banderillero en la cuadrilla de José María Inclán y Panchón, destacando de manera prodigiosa con los palos, especialmente de poder a poder, lo que entusiasmaba a los aficionados de la época.

Se presentó en Madrid el 10 de Julio de 1820. Y en esta misma plaza le vieron los espectadores como “medio espada” durante las temporadas de 1825, 1826 y 1827, alternando por primera vez como matador en dicho ruedo el 16 de Junio de 1828, acompañado por el propio Panchón, aunque sin mediar cesión de trastos a modo de alternativa, pues en aquella época, esta ceremonia no era obligatoria. El ganado fue de Zapata y López Torrubia. Esa tarde mató a sus dos toros recibiendo y formó un gran revuelo entre los aficionados, ya que esa suerte no era muy habitual.
El 14 de Julio de ese mismo año y en el mismo ruedo, mató dos toros, uno de Juan Domínguez Ortiz, al que finiquitó de una estocada al encuentro, y otro de Gaviria, de una soberbia estocada recibiendo. Ante estas proezas, el público madrileño se le entregó de manera total hasta el extremo de querer verlo con mucha frecuencia y llegando a hacerlo suyo, pues como si fuese madrileño, se le recibía siempre.
En 1829 se le contrató para actuar con Juan León y Manuel Lucas Blanco, y tanto interés despertó que se le ajustó para competir en plaza partida con Manuel Romero Careto en septiembre y en octubre.

El 25 de octubre de este mismo año de 1829, se celebró en Madrid una corrida de ocho toros. Al torear de muleta Parra al tercer toro, “Melenito” de la ganadería de Don José Manzanilla, de Puebla de Montalbán (Toledo), en un derrote le quitó la muleta y arrojó al espada contra la barrera, corneándole una vez allí por el muslo y manteniéndolo prendido en el aire durante varios minutos.
El cronista gaditano Juan José Zaldívar Ortega en su obra “4000 Toros”, al describir a “Melenito” , refiere de aquella tarde lo siguiente: “El 25 de octubre de 1829, se celebró en Madrid una corrida de ocho toros; dos de ellos, uno de Gaviria y otro de Zapata, fueron muertos por Juan León; y los otros seis, dos de Guendulain, dos de Lisazo y Laborda y dos de Manzanilla, habían de estoquearlos, en competencia, Manuel Parra y Manuel Romero Careto. Al pasar de muleta Parra a su tercer toro, “Melenito”, retinto, de don José Manzanilla, de Puebla de Montalbán (Toledo), se le arrancó el bicho, lo embrocó y arrojó contra la barrera, y allí lo enganchó por el muslo, y lo tiró a la arena después de tenerlo suspenso unos segundos".
Fue llevado a la enfermería y tras la correspondiente intervención, se trasladó a Sevilla sin haberse curado del todo. Falleció el 20 de noviembre a los 32 años de edad en la ciudad que le vio nacer tras soportar una dolorosa agonía.
Su figura ha pasado a la historia como la de un torero valiente y arrojado, capaz de poner en práctica cualquier suerte nueva que veía hacer.





