TOREROS SEVILLANOS | MANUEL GARCIA CUESTA 'El Espartero'
Mario Gómez
Hijo de un modesto espartero (del que tomó el primer oficio que desempeñó y el apodo que habría de hacer famoso en la historia de la Tauromaquia), sintió desde niño una temprana afición que le impulsaba a escaparse, para lidiar reses bravas en capeas y dehesas de los alrededores de Sevilla.
A las órdenes del matador José Cineo, "Cirineo", inició en 1882 un aprendizaje taurino que dio sus primeros frutos en esa misma campaña, cuando, el día 8 de octubre, lució sus artes de banderillero en la Real Maestranza de Sevilla.

En 1885 se presentó en Sevilla como novillero, y tan clamoroso fue su triunfo que en dos meses mató más de treinta novillos, lo que le facultó para tomar la alternativa aquella misma temporada. La ceremonia de su doctorado tuvo lugar también en su Sevilla natal, el día 13 de septiembre de 1885, ante un toro del hierro de Saltillo, Carbonero, que le había cedido Antonio Carmona y Luque, "Gordito"; a pesar de lo cual, después de haber tomado la alternativa, volvió a lidiar y matar una novillada (en Zalamea la Real), el día 11 de octubre de aquel año repitió su doctorado en el mismo escenario y con el mismo padrino, aunque enfrentándose en esta ocasión con el ganado miureño, que parecía ir marcando su trágico destino.

El 14 de octubre de 1885 se presentó en Madrid para confirmar esa curiosa alternativa dúplice. Fue entonces su padrino Francisco Arjona Reyes, "Currito", quien, delante de Fernando Gómez, "El Gallo", le cedió un toro de la vacada de Núñez de Prado.
"Espartero" estuvo afortunado en la lidia de este burel, pero luego fracasó estrepitosamente, lo que originó el injusto desprecio de la afición madrileña, harto severa con quien se presentaba delante de ella precedido de sonoros triunfos provincianos. Sin embargo, hasta sus más acérrimos detractores advirtieron una característica relevante en la particular concepción del toreo que tenía Espartero: el valor, fruto del cual, surgió en boca de Manuel García aquella celebérrima sentencia que después ha gobernado las carreras de tantos coletudos de orígenes humildes: "más 'cornás' da el hambre".

En 1891, armó varios revuelos excepcionales en la arena madrileña. Estuvo muy bien el día 22 de marzo y colosal el 7 de julio, alternado con Mazzantini bajo un auténtico diluvio. No se libró, desde luego, de ese castigo en forma de cornadas que continuamente le infligían los astados, pero completó una temporada que puede calificarse como la más triunfal de su carrera.
Sin embargo, no conservó la racha favorable en las temporadas siguientes, en las que, para mayor desgracia, siguió recibiendo fortísimas heridas.
El fatídico 27 de mayo de 1894, Manuel García "Espartero" se presentó en Madrid para alternar con Antonio Fuentes y con "Zocato". Perdigón, un miura de bella lámina, colorado, ojo de perdiz, listón, astifino, largo y hondo, lo volteó sin mayores consecuencia la primera vez que el sevillano entró a matar; al segundo intento, mientras "Espartero" dejaba una estocada contraria, Perdigón le asestó una cornada en el pecho que le causó la muerte a los pocos minutos.

Del inmenso dolor que provocó este fatal desenlace -muy llorado entre las gentes más humildes-, quedaron huellas tanto en la tradición lírica popular ("los toritos de Miura / ya no le temen a nada, / porque ha muerto el "Espartero", / el que mejor los mataba") como en la poesía culta contemporánea ("Malhaya sea Perdigón, / el torillo traicionero. / Negras gualdrapas llevaban / los ocho caballos negros: / de negro los mayorales, / y en la fusta un lazo negro. / Ocho caballos llevaba / el coche del "Espartero". Fernando Villalón).





