TOREROS SEVILLANOS | JUAN GOMEZ LASECA

Actualidad Taurina

MARIO GOMEZ

 

Ya de novillero se caracterizó por su actitud valiente y arrojada, lo que provocó que Juan Gómez de Lesaca despertó desde muy joven una gran admiración entre sus paisanos y entre otros diestros ya consagrados como figuras del toreo, quienes veían en él a un digno sucesor y lo ayudaban y protegían en la áspera andadura novilleril.

 

                                  

 

 

Tanta era su afición al Arte de Cúchares, que aún le faltaban dos años para alcanzar los veinte de edad cuando, el día 21 de abril de 1895, en las arenas de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, recibió la alternativa de manos del genial espada hispalense Rafael Guerra “Guerrita”. Aquella tarde, Juan Gómez de Lesaca se doctoró dando lidia y muertea un toro de la ganadería de Benjumea.

 

Mes y medio después (concretamente, el día 2 de junio de aquel año de 1895), el diestro sevillano afianzó su carrera confirmando su alternativa en Madrid. Su padrino en aquella emotiva ocasión fue Fernando Gómez “El Gallo”, padre de dos de las mayores figuras del toreo de todos los tiempos: Rafael Gómez Ortega “El Gallo” y José Gómez Ortega “Joselito El Gallo.

 

Esta precocidad en la toma de alternativa y confirmación de la misma, parecía ser indicio de una larga y prolífica carrera vestido de luces. Pero el trágico azar cambió radicalmente el signo de estos felices auspicios.

 


Un 15 de octubre de 1896, cuando alternaba con “Bombita” en la plaza de toros de Guadalajara, el toro Cachurro, marcado con el hierro de la señora viuda de Rapamilán, se arrancó contra el espada, quien, tras una breve carrera, despreció la codicia del morlaco y se detuvo al pie del callejón, sin llegar a saltarlo. Debió pensar que el toro no se arrimaría hasta las mismas tablas, acobardado por la violencia del seguro encontronazo; sin embargo, Cachurro no reparó en distancias y, encelado en el bulto indefenso del torero, le infirió una gravísima cornada. Traslado con urgencia Madrid, el desventurado Gómez de Lesaca falleció a las once de la noche de aquel trágico día.

 

 

 

 


Un 15 de octubre de 1896, cuando alternaba con “Bombita” en la plaza de toros de Guadalajara, el toro Cachurro, marcado con el hierro de la señora viuda de Rapamilán, se arrancó contra el espada, quien, tras una breve carrera, despreció la codicia del morlaco y se detuvo al pie del callejón, sin llegar a saltarlo. Debió pensar que el toro no se arrimaría hasta las mismas tablas, acobardado por la violencia del seguro encontronazo; sin embargo, Cachurro no reparó en distancias y, encelado en el bulto indefenso del torero, le infirió una gravísima cornada. Traslado con urgencia Madrid, el desventurado Gómez de Lesaca falleció a las once de la noche de aquel trágico día.

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