TOREROS SEVILLANOS | Antonio Montes Vico

Actualidad Taurina

Mario Gómez


Matador de toros nacido en Sevilla el 20 de diciembre de 1876 en la calle Pureza del barrio de Triana. Una temprana sordera y una taciturna personalidad, lo hicieron refugiarse en la ocupación de sacristán del templo de Santa Ana en el barrio de su nacimiento. Recibe su alternativa el 2 de abril de 1899 en Sevilla de manos de Antonio Fuentes, atestiguando “Bombita”, marcando un interesante caso para la historia taurina de esos días, pues pasó por el escalafón de la novillería sin ser banderillero anteriormente.

 

Pronto va a llamar la atención su manera de hacer el toreo, quizás no considerado artístico para aquellas fechas, pero demostrativo de un gran valor, pues paraba a los toros y los hacía volver para intentar ligar las suertes en un mismo terreno, considerado por muchos el precursor del toreo belmontino, que llegaría para afincarse en todos los cosos del mundo.

 

                                  

   

 


Cogido al entrar a matar en la Plaza de Toros México de la entonces Calzada de La Piedad, por el toro "Matajacas", segundo de la tarde de la ganadería de Tepeyahualco, el 13 de enero de 1907. Toreaba esa aciaga tarde con Antonio Fuentes y Ricardo Torres (Bombita).

 

                               

 

Falleció cuatro días después (al amanecer del día 17 de enero de 1907) en el Hotel Edison de esa capital mejicana, a causa de infección por cornada punzo contundente en el glúteo izquierdo, interesando todos los planos musculares, penetrando en la cavidad ciática y causándole una gran hemorragia al interesar un vaso venoso; cuando se le realizó la autopsia de rigor se encontró que la cornada tenía una extensión de 40 centímetros y que llegaba internamente hasta el hipocondrio derecho. Una herida mortal por necesidad.

 

                                 

 


Su cadáver fue depositado en el Panteón Español en espera de su traslado a Sevilla, y tras varios días de espera, por caída de los blandones encendidos del catafalco en el que lo tenían, se incendió el ataúd y el propio cadáver. Posterior a la tragedia continuaron las desgracias, pues sucedió que al estar embarcando su ataúd en el barco que lo llevaría a Sevilla, se rompieron de improviso los cables que sujetaban al nuevo ataúd cayendo al agua, de donde fue rescatado.

 

Finalmente descansa en paz en el cementerio de San Fernando en Sevilla donde se puede apreciar su tumba.

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