Roca Rey se lleva la única oreja en la primera corrida de la temporada de Sevilla
El peruano puntuó, Morante sacó la chistera en el cuarto tras chocarse en su primero y Aguado, con una lesión en la rodilla de la que se resintió antes de lidiar su primero, se llevó el peor lote de Victoriano del Río
IGNACIO MURUVE
La Real Maestranza d Caballería volvía a abrir sus puertas tras 707 días de cierre obligado debido a la pandémica situación vivida mundialmente desde el mes de febrero del año pasado. Había ganas de toros y de reencuentro de los aficionados con ese ambiente de run run previo a una corrida, como si fuera la noche de Reyes Magos. La Empresa Pagés se preocupó de organizar celosamente toda la logística sanitaria para cumplir escrupulosamente con las medidas acordadas con la Junta de Andalucía. Cartel de no hay billetes para una tarede en la que Morante de La Puebla abría un cartel cuyo emotivo paseillo desde casi el centro del platillo también se cuidó: Ausencia de fotógrafos nada más salir los toreros al albero, Himno Nacional y riguroso y sentido minuto de silencio por las víctimas que ha dejado el 'maldito bicho'. Finalmente el peruano Roca Rey fue el único en puntuar ante un embarque de Victoriano del Río, noble pero con falta de motor y lucimiento.

Morante vive el mejor de su carrera y algunos ni se están enterando. En el cuarto le hizo una faena al alcance de los elegidos. Rajado y manso pero con clase y nobleza, el burel se desfondó tras dos monumentales series por el pitón derecho en el centro del platillo. Los remates se escribían sólos. La pena residió en la espada y la alegría, en la memoria.
En el abreplaza Morante apagó un fuego tímido, sin fuerza ni constancia. Deslucido. No hubo nada que contar.

El segundo fue un toro bravo de verdad. 'Distante' nos enseñó lo que es embestir y Roca Rey lo que es poderle...aunque no durante toda la faena. En la primera mitad hubo orden e incluso gusto en un poder incontestable, pero en la segunda faltó todo eso y se pasó al contorsionismo. Erró con los aceros y todo se quedó en una oreja.

El quinto de la tarde se rajó en cuanto Roca Rey tiró de él de rodillas. Tras una gran lidia de Juan José Dominguez, el de los rizos empezó a marcar querencias. El sermón fue de órdago y la emoción sobrevoló los tendidos. Pinchó una oreja.
En el tercer capítulo se intentó pero no se pudo. Aguado tenía en su manos un too difícil. Bueno pero sin remate en cuanto a chispa y emoción. Impuso suavidad pero faltó eso, emoción.

El sexto fue un toro que mentía en todo. Casta pero incertidumbre en la embestida. Poder pero peligro. Aguado dio la sensación de que pese a tener esa lesión más que visible, se pudo hacer más.
SEVILLA. Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería. Feria Extraordinaria de San Miguel. Cartel de no hay billetes. Toros de Victoriano del Río de desigual juego, aunque solo se empleó y sirvió el segundo
Morante de la Puebla, SILENCIO y GRAN OVACIÓN
Roca Rey, OREJA y VUELTA AL RUEDO
Pablo Aguado, SILENCIO y SILENCIO





