Morante de La Puebla, Virrey del toreo
El cigarrero, entregado, desmayado, arrebatado, le corta las dos orejas al cuarto toro de la tarde en plena locura de la afición
Ignacio Muruve
¿El privilegio de vivirlo o de contarlo? Desconozco qué es más placentero, pero lo que sí sé es que la fortuna que adquirieron y tendrán por siempre las poco más de cinco mil personas que se sentaron en la Maestranza el día 1 de octubre de 2021 es infinitamente superior a cualquier acumulada en este mundo.

Faltaba él y llegó. Sin más. Con la seda esculpió un trío de verónicas que aún se están pegando. Sevilla relucía con el sol de la madurez de un torero histórico y nuestro sueño de septiembre parecía no acabar. El empecinamiento de poderle a un marmolillo entró en esa cabecita de oro que le dio el de arriba. Ahí había roto el frío de una tarde que no remontaba. La plaza esperaba callada un suceso inminente. La mano izquierda del cigarrero resquebrajaba las entrañas de quienes lo vivíamos. Entre los mismísimos pitones terminó por romper la feria. No fueron ni uno, ni dos, ni tres naturales. Se dieron cerca de veinticinco o treinta muletazos de un calado inigualable.

La bamba de la muleta arrastraba los olés que brotaban desde los tendidos. Aquello escapaba de cualquier gusto, de cualquier prejuicio o de cualquier prioridad que se puede tener en el toreo. La faena de Jose Antonio fue una pieza que ni el mismísimo museo del Prado optará a tener jamás. La belleza se materializó en algo físico y el espacio-tiempo quedó inundado de torería y pureza. La tizona tenía que entrar. Nos merecíamos esa satisfacción, esa alegría de un triunfo absoluto. Y sí. Todos los sentimientos vividos quedaron certificados con un espadazo en todo lo alto. ¿Rabo? ¿Dos orejas? Qué más da. El toreo se había roto por completo. Nos habíamos reconciliado con la esencia de este arte. Daba igual el petardo de Juan Pedro o la torería de Ortega. Todo eso estaba enterrado bajo la superioridad de Jose Antonio Morante de la Puebla.

Pónganse a pensarlo. ¿No ha merecido la pena tragar con todo lo que ha ocurrido en esta dichosa pandemia con tal de ver algo así? Cuéntenlo. Griten por las calles. Pasen su alegría a otros seres humanos. Sean felices. Morante ha reventado la tauromaquia.
Del resto de la corrida, pocas opciones de triunfo para los otros dos actuantes: Juan Ortega y Roca Rey. El trianero lo intentó de capa en el segundo, un toro que se fue suelto sin permitir el lucimiento. Recibió dos puyazos contundentes y Roca Rey entró en quites para torear muy ceñido por chicuelinas. Ortega firmó un inicio de faena con sevillanía, a base de trincherazos, molinetes y otras alegrías. La primera serie con la derecha tuvo temple y trazo. Al natural también toreó despacio y con compás, rematando con precioso kikirikí. La cumbre de la faena fue la siguiente serie con la derecha, de trazo exquisito y mucho temple. Sobró el final. Mató de pinchazo y estocada. El toro tardó en caer y el público se enfrió. Fue ovacionado.

Juan Ortega hizo gala de su buen toreo a la verónica en el quinto. Hubo un intento de quite fallido y el toro fue medido en el caballo. El de Juan Pedro llegó a la muleta con el gas muy justo y no prestó emoción a lo que le hizo el sevillano. Lo intentó con ambas manos pero no pudo componer faena. Pesaba en el ambiente la obra arrebatadora de Morante.

Roca Rey se salió con oficio con su primer toro a los medios con el capote. Saludó en banderillas Juan José Domínguez. La faena comenzó de rodillas con una apuesta fuerte, tragando miradas del toro. Con la derecha ligó dos series llevando al toro. Al natural subió el tono imprimiendo más intensidad a los muletazos, pero la faena se cortó en la segunda serie por ese lado al ser desarmado. Buscó la distancia corta en el final de faena y el público se impacientó un poco. Mató de estocada efectiva.

Roca Rey salió espoleado en el sexto por el triunfo de Morante. Protagonizó un variado recibo de capa en el que arriesgó mucho. Cuidó al toro en el caballo y comenzó la faena en terrenos de afuera, encontrando una embestida rebrincada y compleja. Lo intentó el peruano pero con un toro así era muy difícil. La faena transcurrió entre sustos por las coladas del toro y el aguante del torero. Fue aplaudido.
SEVILLA. Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería. 12ª Corrida de Abono de la feria Extraordinaria de San Miguel. Lleno. Toros de Juan Pedro Domecq. El primero fue devuelto por falta de fuerzas, salió el 1º BIS, sin lucimiento, también de Juan Pedro Domecq. Notablemente presentados y de diferente juego. Fueron mejores el segundo y el cuarto de la tarde.
Morante de La Puebla, SILCNCIO y DOS OREJAS
Juan Ortega, OVACIÓN y OVACIÓN
Roca Rey, PALMAS y SILENCIO





