Morante de la Puebla, el genio encandila de nuevo en Lisboa
El diestro de La Puebla del Río levantó la noche con el sobrero en Campo Pequeño. Saludos, palmas y saludos en el sobrero fue el resultado del cigarrero
Gonzalo Bienvenida, elmundo.es
Morante regresaba a Campo Pequeño tras haber firmado una actuación mágica en solitario hace dos veranos y al compás del Cigala. Con sus patillas dieciochescas, su puro encendido y con gestos de buena gana llegó a Lisboa el cigarrero. La sonrisa aparecía espontánea en el rostro del sevillano durante la 'formación' portuguesa que equivale a nuestro paseíllo. Matadores yo banderilleros forman una hilera dibujando media luna en el redondel, mientras los forcados forman por delante y el rejoneador aparece y desaparece en dos medias vueltas al ruedo.

Media verónica de rodillas de José María Manzanares que se encontró la suerte en contra. FREDERICO HENRIQUES - CAMPO PEQUEÑOTras la emoción contenida del homenaje a Curro Romero llegó la escalera descendente de presentación y juego de los toros de Paulo Caetano. El primero de Morante abría la cara y estaba hecho cuesta arriba. Morante quiso torear con el capote desde el principio pero el toro se quedaba por debajo sin entrega. El intento de quite por chicuelinas se convirtió en delantales en los que el toro se coló y remató con arrebato Morante con una media. Tras las banderillas, en Portugal ni se pica ni se estoquea al toro, Morante inició un trateo lleno de sabor agarrado a la tablas. Hubo detalles de otro tiempo. Un abaniqueo, un kikirikí, algunos naturales... Siempre asentado y decidido. El segundo de su lote no le dio opción alguna por su rajada condición, embestía a arreones. Se dobló con torería.

Dado el rumbo de la noche, decidieron regalar un sobrero de la misma ganadería. Morante lo espero en el ruedo, en la distancia media entre dos burladeros. Apoyado. Voló el capote a una mano para recoger y fijar la embestida. Humilló este toro. Manzanares, que había encontrado la suerte en contra con un primero manso y un segundo reservón, se arrebató por chicuelinas propias de su compás único. Remató con una media de rodillas. La réplica de Morante fue por tafalleras muy acompañadas y una media verónica que sigue siendo coreada por el eco de Campo Pequeño. Morante extrapoló de nuevo a la afición en el tiempo con un arranque por ayudados por altos preñados de torería. Cada pase por alto acompañado con todo el pecho fue un monumento. Dos tandas aguantó el toro. Pero qué dos tandas. No se puede torear ni más despacio, ni más encajado, ni más sentido. Después, la decepción por el freno de mano echado, el abaniqueo entre el dominio y la desgana, el cambio del estoque simulado por la banderilla con gavilanes y el desencanto de un público que siempre quiere más. Pero la noche ya la había salvado Morante in extremis con su eterna inspiración.





