"Le dije a mi padre que no me castigara quitándome de la escuela taurina"
El novillero coriano Mariano Fernández abre esta tarde en Ubrique el ciclo de becerradas de la Fundación Pedro Romero. El ribereño narra sus sensaciones previas y cual ha sido su camino desde que comenzó en Camas
Se llama Mariano Fernández, es de Coria del Río, y quiere ser torero. O mejor dicho: “Figura del toreo, aunque eso no es que sea difícil, sino que es un milagro”, asegura. Claro que por pedir… Y sin pedirlo le ha tocado abrir hoy sábado el XXIII Ciclo de Becerradas de las Escuelas Andaluzas. Él va por la Escuela Taurina de Camas, y esta tarde en Ubrique abrir cartel no es ya un ‘marrón’, sino un reto importante que afronta mentalizado del compromiso que supone. “Me toca abrir la temporada del ciclo de fomento de este año. Es más una responsabilidad que otra cosa. También la responsabilidad de marcar un límite, aunque lo peor es que tengo que abrir cartel”, comenta.

A las puertas de alcanzar la mayoría de edad, entrena cada tarde entre la Hacienda San Antonio, propiedad de Morante de La Puebla, y la escuela de Camas, a las órdenes del maestro ‘Almendro’. “Desde los 11 años le dije a mi padre que quería ser torero, y me apuntó a la escuela como recompensa de sacar bien sexto de primaria, ya hasta hoy he ido creciendo”.

No es casualidad que califique su toreo como de arte o puro. Y es que por haber nacido cerca de la marisma o al lado de la ribera del Guadalquivir – por aquello de que el viento sopla diferente, y más cuando está echado el arroz –, el ADN de las yemas de sus dedos es diferente. Pero sobre todo, aclara, “no me gusta imitar a nadie, con esas pinceladas de pellizco, claro, pero intento ser yo mismo”.

Aun siendo becerrista, Mariano se toma esto del toreo como una pasión, pero sobre todo como algo intocable. Y eso lo saben en casa, como explica: “Me quitaron porque repetí 3º de ESO, pero hablé con mi padre y le dije, castígame con otra cosa, menos con no ir a la escuela taurina. Me quitó los trastos, me los escondió. Hablé con él y con mi madre, y prometí estudiar. Volví a entrenar. Luego vino un pequeño bache y me dijo: Como de los toros no quieres que te quite y tampoco quieres estudiar… Me envió a trabajar en el campo, y duré una semana. Y ya me enderecé. Voy con un curso de retraso en bachillerato, pero sacándolo ya mucho mejor, de hecho la última evaluación me ha quedado solo una asignatura”.

Para este año tiene cosas habladas para anunciarse, incluso le han ofrecido participar en el ciclo de promoción de la Real Maestranza, en julio, pero quiere ir poco a poco, “quizás el año que viene” – dice –, “porque en el toro las prisas son muy malas”. De momento se centra en la primera selección del ciclo de becerradas de hoy en Ubrique. Ya el año pasado se quedó en décimo lugar y a poco de la final de Osuna, tras cortarle dos orejas a un ejemplar de Los Millares. Este año, por mucha competencia que haya, Osuna, sí que es una meta que no se quiere dejar escapar, y que empieza desde hoy, en la serranía gaditana.





