La consagración de un hombre
Emilio de Justo pasea las dos orejas del cuarto toro de Victorino Martin tras una pletórica faena. Antonio Ferrera acarició un apéndice en el quinto y dio una vuelta al ruedo
Ignacio Muruve/ Fotos: Mauricio Berho
A menos de veinticinco minutos de que la última figura del toreo atracase su barco en el puerto taurino más bonito del mundo, el cielo lucía como el pelaje de los cuadrúpedos que iban a saltar al albero sevillano: cárdeno. Emilio de Justo llegaba como uno de los principales atractivos de este movido serial junto a su paisano Antonio Ferrera para estoquear un sexteto de Victorino Martín, esa ganadería que tanto le ha dado.

No habrá palabras ni las habrá jamás para contar lo tremendamente despacio que toreó Emilio de Justo al cuarto. El hambre con las ganas de comer. Un toro embistiendo y rebosándose en la muleta de un hombre que en cada derechazo se dejaba la vida. La mano izquierda supuró pureza y el hombre clamó al cielo que el secreto para llegar arriba era esa verdad absoluta con la que estaba reventando Sevilla. La sensibilidad con la que ponía la muleta y con la que vaciaba cada embestida fue antológica. Los pases de pecho fueron monumentos al arte de torear. Hubo un trincherazo que duró el beso más deseado, el abrazo más querido, la mirada más profunda. Aquello fue un testimonio para la eternidad y que se recordará como el día en el que Emilio De Justo se consagraba a pecho abierto como figura del toreo. El espadazo hasta los gavilanes confirmó el suceso: Emilio de Justo había partido por la mitad la Maestranza con dos orejones.

El precioso segundo se partió un pitón en el burladero de matadores y salió un sobrero algo más montado arriba. Emilio se dejó todo en el recibo. Movió cintura y pies a un ritmo fulgurante dentro del metro que le concedía el toro. Fueron seis de una emoción intensa, sin permitir respiro alguno. De Justo le vio rápido el aire y templó desde el primer muletazo en el tercio. Cuando le puso la zocata delante para comenzar una serie el animal lo vio y se quedó colgado en el pitón. Pareció eterno el momento. Para el toro tuvo que ser una odisea cada movimiento. Le faltó fondo. El extremeño toreó al ralentí en muletazos sueltos aunque profundos. Un pinchazo dejó aquello en la segunda ovación de la tarde.

El sexto fue otro toro serio. Emilio de Justo terminó de quebrarse a la verónica y volvió a encumbrarse al natural. Tiró de él con la suavidad de los elegidos y ancló los pies al suelo para hacer retumbar de nuevo a Sevilla. La espada resbaló en una banderilla y el sueño de la Puerta del Príncipe se esfumó por completo, pero quedará el recuerdo de una tarde memorable de De Justo.

Con la gente calentita, Ferrera sorteó un codicioso quinto. Empujó en la muleta tras hacer lo propio en el peto. Ferrera cimentó la faena en la verticalidad total, la que cala. Enganchó, toreó y vació sin dejar respirar a un toro que tenía pujanza, casta. La faena cogió altura y llegó a los tendidos. Una media estocada no le valió al presidente, que se guardó correctamente el pañuelo.

Algunos no habían ni puesto la almohadilla cuando llegó el primer regalo de la tarde: un tercio de banderillas para recordar durante muchas ferias. Joao Ferreira se dejó llegar al cárdeno a la mismísima faja en los terrenos donde queman los pies y Fernando Sánchez le anduvo dándole todas las ventajas y clavando los garapullos en todo lo alto. El gentío explotó en admiración con una ovación atronadora. Ferrera mostró su faceta más lidiadora, más pura. Siempre calibró lo que se le debía hacer, pero falló en los terrenos. Lo destacable siempre tuvo temple. El toro se rajó y todo se quedó en una ovación tras una estocada fulminante.
El tercero pasó por la Maestranza sin pena ni gloria. Nulo celo, nula casta y mucha mansedumbre. Ferrera lo pasaportó sin mucha tardanza.
SEVILLA. Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería. Feria Extraordinaria de San Miguel. Más de media plaza de entrada. Toros de Victorino Martín Extraordinario el 4º de nombre “Portezolano”, flojo el 1º y sin fondo el 2º. Manso el 3º y codicioso el 5º.
Antonio Ferrera, OVACIÓN SILENCIO y VUELA AL RUEDO
Emilio de Justo, OVACIÓN DOS OREJAS y OVACIÓN
Se desmonteraron Joao Ferreira, Fernando Sánchez y Abraham Neiro.





