Joselito Sánchez como cierre de temporada

El joven de Morón cortó dos orejas en la novillada que cerraba la temporada en Sevilla. Ignacio Candelas puntuó con un apéndice. Javier Peregrino y Marcos Linares dieron sendas vueltas al ruedo
Ignacio Muruve
Ese clarín que llora por última vez con la constancia de la despedida pesada, llegó. No queríamos pero llegó. La Maestranza resplandecía en esos últimos momentos de admiración taurina y una novillada sin picadores con contenido consoló la pena.
El primer eral de Bohórquez al igual que clase y temple tuvo unas hechuras escuálidas. Alfonso Alonso lo recibió en la puerta de los sustos. Con la muleta templó en cuanto lo pudo hacer. Hubo muletazos muy despaciosos. Se atragantó con la espada y quién sabe si pudo perder la oreja. Muy bien el de Camas.
A Manuel Olivero se le ve a leguas la sevillanía. Faltó en general algo más de acople y de querer, pero el trazo es sensacional y las formas cantan que en cuanto pueda torear, lo va a hacer para callar bocas y abrirlas a la vez.
De Javier Peregrino, el ímpetu de saber que puede. Ante un novillo bueno de Juan Pedro, inició con gusto, toreó con sentido y expuso sin paliativos. Hubo tandas profundas y con rotundidad, pero de nuevo la espada cayó bajísima y lógicamente, en plaza de primera se cuida la suerte suprema. Una vuelta al ruedo para disfrutarla.
Cuando se nombra a Ignacio Candelas se nombra a un jóven que sabe lo que tiene que hacer para poner a aquello a cavilar. Ser novillero incluyó siempre las ganas y el mostrárselas al público. Después viene la sensatez y el temple. Y así fue. La apática afición maestrante no se enteró de las dos o tres series de derechazos encajados en los riñones que le pegó al de Bohorquez, pero como se dice, nunca es tarde si la dicha es buena. El final ajustadísimo enganchó finalmente al que paga y con una estocada en lo alto cortó una oreja de ley.
El quinto de Juan Pedro Domecq fue extraordinario. En hechuras y en comportamiento. No hubo fijación en las verónicas de Joselito Sánchez, pero para la muleta había algo que contar. El eral se iba larguísimo y llevando la cara por los suelos. El de Morón fluye en una dicotomía entendible aunque ciertamente extraña: verticalidad y gusto total con la mano izquierda mientras que con la mano derecha instrumenta un toreo diferente, más forzado. Fue algo secundario por que siempre hubo temple. Gustó Joselito. Se le pidió la vuelta al ruedo al novillo tras concedérsele las dos orejas al novel.
Marcos Linares es esa perla que se pule con una delicadeza innegociable. Tuvo en sus chismes un encastado Juampedro... al que le faltaban finales. Con el capote le mostró al público que tiene el toreo en la cabeza y con la muleta, que hace falta oponente. Vuelta al ruedo.
FICHA DEL FESTEJO. Se lidiaron tres novillos de Juan Pedro Domecq y tres de Fermín Bohórquez, primero, segundo y cuarto. Destacó el quinto, de Juan Pedro Domecq. Se registró un tercio de entrada.
Alfonso Alonso, OVACIÓN tras aviso
Manuel Olivero, OVACIÓN tras aviso
Javier Peregrino, VUELTA AL RUEDO tras aviso.
Ignacio Candelas, OREJA.
Joselito Sánchez, DOS OREJAS
Marcos Linares, VUELTA AL RUEDO tras petición





