El Rey de los toreros

Actualidad Taurina

Mario Gómez

De en una familia de artistas, José Gómez Ortega nacía el 8 de mayo de 1895 en Gelves. Hijo del matador de toros Fernando “El Gallo” y la bailaora Gabriela Ortega, desde su infancia fue considerado un niño prodigio, pues según recogen algunos escritos ya con 6 años lidiaba algunas reses.

 

 

Con 12 años estoqueo un eral y poco tiempo después debutó de luces en Jerez de la Frontera, donde impactó a los aficionados por las capacidades mostradas, así como la habilidad a la hora de lidiar las reses que le correspondieron en suerte. Su paso como novillero con picadores resultó meteórico y destacan anécdotas como su negativa a lidiar los novillos que estaban reseñados para el 13 de junio de 1912 en el día de su debut en el coso de la Carretera de Aragón por considerarlos “demasiado chicos” exigiendo estoquear una corrida de toros de Olea que se encontraba en los corrales del coso.


Dos infortunios le impidieron tomar la alternativa en Madrid. Una cornada en primera instancia y un aguacero en la segunda fecha, le llevaron a doctorarse de manos de su hermano (el también matador de toros Rafael “El Gallo”) en Sevilla el 28 de septiembre de 1912, para confirmarla a penas 72 horas después en Madrid.

 


José era el número 1, Torero largo en su trazo, dominador de todas las suertes de la lidia. Todo aquel que compartía cartel con el de Gelves, quedaba retratado ante la superioridad del torero de dinastía, pero encontró en Juan Belmonte el complemento perfecto para complementar su tauromaquia y llenar las plazas y firmar la brillante etapa de la Edad de Oro de la tauromaquia.

 

Su capacidad fue tal, que logró influir en el ámbito de la ganadería, el apoderamiento e incluso en la visión empresarial, lo que le motivó a incentivar la construcción de plazas monumentales para dar una mayor cabida a los espectadores en las corridas de toros. Este hecho le llevó a enemistarse fuertemente con los Maestrantes en Sevilla, pues Joselito levantó la Plaza Monumental, que competía en tiempo y festejos con la Maestranza.

 

 

Tras una mala tarde el 15 de mayo en Madrid en la que fue abroncado compartiendo cartel con Belmonte y Sánchez Mejías, llegó el 16 a Talavera en tren. Según cuentan las crónicas de la época, arreciaba el agua y el ambiente contra Joselito era una sazón común, siendo frecuente que le fuera increpado. Por ello parecía buena elección alejarse de Madrid y torear en una plaza con un público más favorable para el espada. Sobre lo ocurrido aquel día circulan muchos comentarios y leyendas. Desde el comentario “ojalá te mate un toro en Talavera” supuestamente proferido la tarde anterior en Madrid, a la anécdota que recoge que se rompió el botijo del torero y el mismo comentario que se le presupone de “se rompió Joselito”, a los tanguillos a la muerte de “El Espartero” que tarareaba el de Gelves mientras se vestía o “el fuerte olor a cera como de iglesia o velatorio” que percibió Blanquet en el patio de cuadrillas de Talavera.

 

Bailaor, un toro aparentemente “chico” pero cinqueño, y que podría ser burriciego, bien por algún golpe o bien por algún accidente sobre la lidia, se arrancó a Joselito durante la faena de muleta en los terrenos del 2 infiriéndole un puntazo corrido en el muslo para luego prenderle mortalmente por el vientre.

 

 

Aquella tarde en Talavera, nos dejó huérfanos de “El Rey de los toreros” con poco más de un cuarto de siglo en el que le dio tiempo a revolucionar la tauromaquia, importancia que queda patente en el mausoleo erigido por suscripción popular en el Cementerio de San Fernando en Sevilla y obra del escultor valenciano Mariano Benlliure, en el que el féretro es portado a hombros, en el que el diestro está tallado en mármol, resaltando su figura y la Macarena está presente con su luto que portó en 1920.

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