Joaquín Barral, el constructor de 'un sueño' ganadero

Actualidad Taurina

Falleció anoche en su finca 'El Chaparral'. Sirva este obituario para recordar su trayectoria en el campo bravo

Anoche fallecía debido a un infarto el ganadero sevillano Joaquín Barral en su cortijo de ‘El Chaparral’, ubicado en la carretera que une las localidades de Las Pajanosas y El Garrobo. Barral, que dejó de criar su punta de toros bravos hace una década, conservaba una de las fincas más excepcionales de la provincia de Sevilla, entre llana, 'muy valiente' (temprana), por calidad y cuidado. Linda con la actual finca que el futbolista Sergio Ramos posee a la salida de la localidad guillenense, y algunos kilómetros más arriba se encuentra Cerro Negro, propiedad de Manuel Díaz 'El Cordobés'.

 

 

Esta finca perteneció a la familia Pablo Romero, y posteriormente a López Plata. De Antonio López Plata pasó a sus herederos, los Soto de la Fuente, que conservan la finca ‘El Roque’ frente a ‘El Chaparral’, a cuyos propietarios el malogrado ganadero la compró. Se llegó a comentar que la adquirió por 500 millones de pesetas, una cuantía bastante excesiva en aquel tiempo, los años ochenta. Joaquín Barral fue un gran constructor, y un hombre con personalidad. Tuvo mucha relación con figuras del toreo como Paco Ojeda, Emilio Muñoz, Manuel Benítez ‘El Cordobés’ o José Tomás. Su trayectoria como ganadero la inició en una finca llamada ‘La Huerta del Llano’, en el pueblo de onubense de La Umbría, y de su amistad con Manolo González Cabello surgió la compra de un centenar de vacas que complementó con 500 cabezas de ganado que pertenecía a los Hdros. de Carlos Núñez.

 

Durante unos años estuvo lidiando él como propietario, pero con el hierro de los Núñez. Lo de Núñez no era fácil seleccionar, y por ese momento el encaste Domecq contaba con un gran protagonismo entre la cabaña brava. Vendió todo y compró una camada de añojas y otra de eralas a Hermanos Sampedro. A Guateles le compró eralas y toros, y a su íntimo amigo José Luís Marca la camada de añojas y eralas, además de siete utreros que habitualmente los tentaba Paco Ojeda. De hecho, del encaste Domecq, todo lo tentó él en su casa. Hace una década se deshizo de lo bravo, ya estando tanto el hierro como la ganadería a nombre de su hija María José, vendiéndose a Rafael Azor. Se quedó nada más que con la parte del ganado manso, repartido entre su finca de Las Pajanosas, con vacas limusinas, y una segunda propiedad en Portugal, donde pastaban las vacas martolengas, de origen luso.

 

 

Sus reses salían de buena calidad. Lidiaba mucho en Andalucía, también por la gran relación que tenía con el empresario Paco Dorado, en cuyas plazas solía anunciar lo de Barral. Jaén, Algeciras, Antequera, Córdoba, donde mató sus toros José Tomás, o Sevilla, aquí en nuestra plaza un astado de su hierro propinó la terrible y famosa cornada al diestro Pepe Luís Vargas cuando recibía a portagayola. La última vez que protagonizó en encierro en la Maestranza fue en los años 90. Se trató de un Festival a beneficio de Ándex, con Tomás Campuzano, que cortó dos orejas a uno de los toros de su lote, Fernando Cepeda y Rafi Camino.

 

De su cuidadoso trato en la finca, se ejemplifica la siguiente anécdota contada por un conocido suyo: Tenía al principio en ‘El Chaparral’ un empleado sólo para quitar las piedras. Un día se bajó del coche buscando una piedra que tirarle a un toro para llamarle la atención y ver sus hechuras. No encontró ni una sola piedra en todo el cerrado.

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