Importante oreja de Pepe Moral en Pamplona; Morante, a hombros en Arévalo
El palaciego saca a relucir al natural su mano izquierda para componer buenas series al de Escolar

Pepe Moral ha vuelto esta tarde a San Fermín por cuarto año consecutivo, y con el ambiente traído en su esportón de las dos orejas cosechadas en su haber el domingo de Miura en el epílogo de la Feria de Sevilla. En esta segunda comparecencia, por cierto, su segunda en la temporada, Moral se enfrentaba a los toros de José Escolar, que han dado un juego desigual, destacando el tercero, peligroso, que cayó en manos de Gonzalo Caballero, prendido al entrar a matar, el cuarto, que no aprovechó Eugenio de Mora, y el quinto, al que el matador sevillano desorejó.
El ejemplar de Escolar inició de salida acudiendo pronto a los burladeros, con 'carita', y fijo en el capote y en el peto. En banderillas se dejó poco, poniendo en apuros a los subalternos. Esperó y daba el gañafón al final, y algún que otro susto se pudo llevar el banderillero Juan Sierra, que estuvo rápido en la salida de la cara del astado. Ya en la muleta, Pepe Moral tardó en acoplarse a las exigencias de su oponente. Poco a poco fue cogiendo ritmo la faena. Tiempo y distancias, y todo muy suave, sin tirones. El animal, con casta y raza, humillaba muy por bajo. Por el pitón derecho se quedaba corto y miraba de reojo, hasta que el de Los Palacios cogió su templada zurda, esa que no conocen muchos aficionados por culpa de un sistema monopolizado. Por ahí, al natural, por el pitón izquierdo, vinieron los mejores muletazos, dos series que sirvieron para exprimir con temple y suavidad la nobleza del morlaco. Profundos y alargados esos muletazos, que sirvieron para que el público pidiera la oreja como premio para Pepe, a pesar de errar en un primer intento con la espada, haciendo un 'metesaca' inesperado. Oreja, y ¿a seguir esperando, señores empresarios? No es justo.
En su primero, el comportamiento del toro de Escolar fue parecido al de su par del lote de Pepe Moral, pero le faltó raza y algo de fondo pues no hacía el viaje completo en la muleta y se quedaba corto. Incómodo y pegajoso para el lucimiento, fue silenciado.

Por su parte, Morante de la Puebla, ha salido a hombros en la localidad avulense de Arévalo, tras cortar oreja y dos orejas a su lote de Garcigrande y Zalduendo, respectivamente. En su primero, se encajó pronto con el ejemplar de la ganadería salmantina. Toreó profundo y templado. Dejó una estocada que sirvió para premiarle con el apéndice. Con el de Zalduendo vinieron las dos orejas, tras un trasteo de inspiración y suavidad, que tuvo al natural sus mejores momentos. Con los aceros en este caso, también eficaz el cigarrero
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