Escribano y Miura, cara a cara, el obligado encuentro

Actualidad Taurina

El matador de toros de Gerena se vuelve a anunciar con Miura en Sevilla, en este caso en solitario

 

Mario Gómez

 

Cuando el reloj que hay sobre toriles marque esta tarde las 18:30 y se escuche el cerrojazo del patio de caballos de La Maestranza, mientras que en toriles aguarden 6 toros de Miura, solamente un hombre estará frente a la historia. Manuel Escribano.

 

 

Para Escribano no es nuevo lidiar la corrida de Miura en una gran feria, ni tampoco hacerlo en Sevilla. Es un habitual de este hierro y de esta fecha desde que en 2013 entrase por la vía de la sustitución y se cruzase con 'Datilero'. Un toro de Miura que, tras cortarle las dos orejas, le puso en el camino y le sacó del ostracismo. Hasta que se celebre el festejo de esta tarde, solamente un torero se ha encerrado con 6 toros de Miura en Sevilla, fue Juan Antonio Ruiz Román ‘Espartaco’, que lo hizo en la Feria de Abril de 1987.

 

 

Escribano es un torero que conoce muy bien a los Miuras, de hecho su último compromiso en Sevilla se saldó desorejando a uno de sus oponentes, y es el único torero en la historia en haber indultado a un toro de este hierro, 'Tahonero' en 2019 en Utrera, además de ser un espada habitual para este hierro en plazas como Bilbao o Pamplona.



 

La ganadería de Miura, cuyo origen se remonta a mediados del siglo XIX y su antigüedad data de 1849, cuando presentaron una corrida completa en la Plaza de Toros de Madrid el 30 de abril de ese año, pasta en la finca de Zahariche, en la localidad de Lora del Río (Sevilla). Se trata de uno de los más míticos y legendarios del campo bravo español, cuenta con un importante tesoro genético, ya que el origen de sus toros pertenece a un encaste único, como es el de "miura", cuyas características singulares han sido forjadas durante generaciones dentro de la familia propietaria.

 

La leyenda de este toro, el más indómito del campo bravo, ha sido forjada a través del tipo diferenciado y único de un toro con reminiscencias ancestrales. Las cruzas originales han dado como resultado un toro singular: alto de agujas, "agalgado" o levantado del suelo, largo, de gran caja, huesudo, manos y patas altas, fino de piel y algo lavado de cara. Su pelaje aporta otra gran singularidad dentro de su variedad, encontrándose, entre otros, toros de pelajes cárdenos, colorados, castaños, sardos, salineros, girones, salpicados, berrendos, luceros, negros zaínos y mulatos. En lo que respecta a su conformación de pitones, no se trata de un toro astifino, sino de mazorca ancha, gruesa y generosa.

 

 

Durante la lidia, el toro de Miura resulta un toro cambiante, nervioso, que aprende mucho y rápidamente, de lidia despierta. Además de este comportamiento general, también saltan toros de nobleza y fijeza, sin duda alguna por la aportación de la sangre parladeña, aportando, generalmente, un gran juego durante el primer tercio.

 

El misticismo de esta vacada reside en su "leyenda negra", relacionada directamente con el protagonismo que adquirieron los toros de este hierro tras la muerte de diferentes diestros durante los siglos XIX y XX o bien las graves cornadas que ocasionaron.

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