El toro, 'bendito' incentivo ecológico de la dehesa
Mario Gómez
A pesar de lo que comúnmente trasciende, la tauromaquia es mucho más de los 20 minutos de la lidia de un animal; incluso más allá de las dos horas y media que dura un festejo, la cuantía en términos ecológicos es un valor incalculable en nuestro país. En España existen 895 ganaderías de reses bravas en explotaciones distribuidas en las diferentes provincias. Según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Pesca, durante 2019 el censo de animales inscritos en la sección principal de Libro Genealógico de la Raza Bovina de Lidia dentro de todas las Comunidades Autónomas ascendía a un total de 203.056 animales.

El hábitat por antonomasia del toro bravo es la dehesa. Ahí, donde el toro es el rey, es el espacio donde encontramos varias especies como ovino, vacuno, caprino, porcino y equino. La oveja merina y manchega, razas de vacuno autóctonas como Avileña-Negra Ibérica, Morucha y la Retinta, y el ganado caprino conviven con un abanico de en torno a 60 especies de aves, más de 20 mamíferos y otras tantas de reptiles y anfibios. Dicha biodiversidad se debe fundamentalmente a la heterogeneidad vertical de la vegetación, pero también a la variación en áreas muy pequeñas de parámetros como la densidad del arbolado, la espesura del matorral, la presencia de vaguadas y terrenos de labranza, charcas, etc.
Todo ello da como resultado un mosaico de microhábitats, donde conviven la avutarda, la grulla común, la liebre o la perdiz roja. Águila real, conejo y ciervo también se hallan en este entorno en diferentes enclaves, adornados con encinas, acebuches, quejigos, jara, cantueso, tomillo, romero y pastos. Entre todas estas especies se erige el 'rey de la dehesa' ese toro bravo, que se erige como señor y del que no hay que olvidar que es la raza bovina documentada más antigua del mundo, pues con la documentación histórica con la que hoy día contamos, podremos retroceder hasta los siglos XVI- XVIII. Hablamos del mismo modo del valor genético de la misma, pues en una comparativa, se comprueba que la distancia genética entre los diferentes encastes, es muy superior al que existe entre otras razas bovinas europeas.

La documentación histórica sobre la procedencia de las ganaderías permite trazar el origen del ganado de lidia en los siglos XVI-XVIII.
Sin duda, hablar de toro bravo, es hablar de dehesa. Más de medio millón de hectáreas dedicadas a su crianza que hacen posible que miles de especies de flora y fauna convivan con esta raza bovina, fomentando los ciclos biológicos y previniendo la aparición de incendios. Nos encontramos ante zonas que además, suelen ser zonas poco cultivables y dadas a la despoblación, lo que provoca que la crianza de toros bravos, provoca la fijación rural a través de la mano de obra necesaria para trabajar en las explotaciones, garantizando el relevo generacional, algo que se antoja fundamental para para conservar los valores medioambientales, paisajísticos, culturales y gastronómicos, y para mantener la cohesión social y territorial.
A todo ello, hay que recordar que la tauromaquia está considerada como Patrimonio cultural material e inmaterial, declaración que no solamente se ciñe al espectáculo taurino en sí en el que las reses son lidiadas, sino que su crianza y manejo, así como todo lo que conlleva en su entorno también es considerado patrimonio cultural por su fuerte componente para este ámbito.





