El 'romance' de Veragua con el toro de lidia

Actualidad Taurina

El jabonero puro de este encaste con origen vazqueño lo conserva en su totalidad Prieto De la Cal en Huelva, y unas cuarenta vacas Julio De la Puerta en la localidad sevillana de Osuna. Los Núñez de Alventus también poseen en Trebujena una pequeña parte de los ejemplares con orígenes utreanos

 

Ignacio Muruve / Córdoba Taurina. Fotos Blog Encastes Bravos

El origen del encaste Veragua lo encontramos en Utrera, en plena campiña sevillana, en las vacas que tenía en propiedad Vicente José Vázquez. Raíces vazqueñas por lo tanto. Más tarde y tras la muerte sin descendencia de Vázquez en 1830 adquiriría la vacada el Rey Fernando VII, pasando a denominarse la 'Vacada Real', trasladándose los ejemplares a Madrid. A la muerte del rey, su esposa regente María Cristina pasa a ocupar el trono de España. La viuda del monarca vende las reses en 1835 a la sociedad formada por los duques de Osuna y Veragua (el título de este último noble tiene su origen en Cristóbal Colón, y trasladado a su rama genealógica actual hasta nuestros días. El nombre viene del ducado caribeño de Veragua, conquistado por el descubridor genovés). 

 

Estos fueron los primitivos movimientos de este encaste en auge a finales del siglo XIV. Hasta nuestros días, lo que conocemos como los toros de Veragua, lo tenemos en Prieto De la Cal y en una pequeña punta de vacas en la ganadería de Julio De la Puerta, en Osuna. Lo de Veragua lo conservamos como un patrimonio ganadero hasta la actualidad después de un trasiego ganadero que desgranamos en este artículo.

 

 

Las reses adquiridas por los duques se reparten entre tierras madrileñas y toledanas, formándose la ganadería de bravo de Veragua. A la extinción de la sociedad ducal, Osuna sale del negocio y son los descendientes de Veragua los que se quedan solos al frente del hierro, pasando por tres generaciones que se preocupan por cuidar al máximo la evolución genética y la selección del legado ganadero heredado, hasta que el último Duque de Veragua, Cristóbal Colón Aguilera, se desentiende: Primero por anteponer su pasión por las yeguadas de pura sangre a la dedicación del toro de lidia y segundo por estar ya Veragua en declive porque Gallito y Belmonte por aquellos años de principios del siglo pasado reclamaban otros encastes.

 

Con Joselito y Belmonte, los elegidos indiscutibles y que el público quieren ver sean cuales fueran los toros a los que se enfrentan, el encaste vistahermosa, mucho más propicio para las faenas más largas, toma definitivamanete la delantera. La razón es la misma que en la época de Guerrita: el toro veragüeño se defiende después de las varas, mientras que el vistahermosa se va para arriba. Por último, la muerte del diestro Granero, corneado por un toro de Veragua, fue el detonante por el que el último veragüés se deshace de la ganadería y la vende en 1927 a los Martín Alonso, antepasados de los hermanos Lozano actuales, tras pocos años en su poder va a parar a Juan Pedro y Núñez de Villavicencio en 1930.

 

Los hijos de Domecq cruzan estas reses de Veragua con la sangre Parladé (Mora Figueroa y Conde de la Corte) y lo que se quedan puro Veragua se vende a José Enrique Calderón, que lleva las reses a la localidad sevillana de Marchena, y en vida le vende el ganado a Tomás Prieto de la Cal Divildo, padre del actual ganadero del hierro onubense y esposo de la Marquesa de Seoane. Los ejemplares adquiridos pasan a pastar a la finca de Los Alburejos, recientemente vendida por Álvaro Domecq, y en 1945 ya se instalan en La Ruiza, donde están actualmente. Sin embargo, no todo de Veragua cae en manos de Prieto de la Cal, sino que Calderón se queda una parte pequeña que consecuencia en el reparto posterior de los jaboneros puros veragüeses. Y es que sus hijos venden la parte que corresponde a cada uno y se le da salida en cuatro direcciones, cuyos destinatarios acabarán deshaciéndose pronto de ello.

 

 

De tal manera que una parte se vende a Algarra del Castillo, otra al padre del actual ganadero de Santa Olalla Gerardo Ortega, el Duque de Osuna compra otra parte y una cuarta va a parar a Carlos Núñez, que compra el hierro del ‘Omega’, y lo pone a nombre de su mujer, no adquiriendo el ganador, porque a Núñez no le interesaba, ya que tenía las mejores reses del momento. Con lo que de lo original de Veragua, solo Prieto de la Cal posee las reses. Sin embargo, en la provincia de Sevilla poseemos a día de hoy una cuarentena de vacas de Veragua, en la ganadería Julio De la Puerta.

 

OTRA VÍA DE VERAGUA HASTA HOY, DE PORTUGAL A LA FINCA DE JULIO DE LA PUERTA EN OSUNA 

Fernando VII regaló al sobrino de su mujer, a la postre Miguel I de Portugal, Duque de Braganza, 50 vacas y dos sementales, era la tercera década de 1800. Se trataba de una parte de la ganadería que había adquirido a Vicente José Vázquez. En el país vecino se desata la guerra civil, siendo derrotado y derrocado Miguel I. Su hermano sin afición al mundo del toro, reparte la ganadería entre los nobles que le han apoyado en la guerra. Años más tarde vuelve a ocupar el trono de Portugal otro entusiasta del toro. Carlos I reconstruye la Real Vacada portuguesa. Para ello emplea vacas vazqueñas descendientes de las de Miguel I, a través de Victorino de Avellar Froes y otras del Duque de Veragua, padreándolas machos de Eduardo Ibarra.

 

La ganadería real pasta en Herdade do Vidigal, cerca de Lisboa. El 1 de febrero de 1908 Carlos I es asesinado junto al heredero en un atentado. La reina viuda confía la ganadería a José Palha quien se convierte en mayoral de lujo. La primera corrida en España tuvo lugar en Ciudad Real el día 17 de agosto de 1908 con Gallito, Regaterin y Relampaguito en el cartel. Una año más tarde, el 15 de agosto de 1909 se presenta en Madrid con una novillada en que están acartelados “Jaqueta”, “Punteret” y Pacomio Peribañez.

 

 

Al instaurarse la república en Portugal la real vacada es vendida a Antonio Flores Iñiguez en 1910, presentándose como ganadero en Madrid, el 8 de junio de 1913 siendo estoqueados los toros por Antonio Boto “Regaterin”, el mexicano Rodolfo Gaona y Paco Madrid. En 1929 la ganadería llega a manos de Ramón Ortega Velázquez quien a su vez en 1940 la vende a Francisco Chica Navarro con quien vive un momento de gran esplendor. A la muerte de este se hacen dos lotes. Uno va a parar a manos de Alvaro Domécq y Manuel Camacho, cuya hija ostenta hoy derechos de hierro y antigüedad, y otro a manos del montillano Juan Salas. Con esta venta los braganzas comienzan a desaparecer del panorama ganadero.

 

Camacho cruza con Núñez, al igual que Álvaro Domecq. La sangre de Parladé se impone a la aristocrática portuguesa. Solo en las ganaderías formadas por ventas que hizo Curro Chica en vida conservan algo de esta sangre. Julio de la Puerta, los Núñez de Alventus y Rancho Sola son los principales exponentes. Fue un encaste muy reconocido y matado por muchos toreros y figuras del toreo. Pero el cambio de toro que pedía la tauromaquia impulsado por las distorsiones en las formas de torear de Belmonte y Gallito, hizo que esta ganadería bajase en números y fuera rechazada por 'El Pasmo de Triana' y Vicente Pastor en una corrida en la que propusieron sustituir tres toros de Vicente Martínez por tres de Veragua. Ésto dio la puntilla al encaste e hizo que el descenso comenzase, como explicamos anteriormente.

 

 

El toro veragüeño se distingue por ser ese precioso jabonero que mira desafiante sobre la pradera, pero no todos son así. Además de toda la amalgama que acapara el jabonero, se suelen ver toros negros y ciertos castaños. Como morfología, la fuerte y marcada musculatura, así como una encornadura desarrollada hacia adelante y astifina, están muy presentes en los cercados de 'La Ruiza'. Respecto al comportamiento, su explosiva salida es denominador común en un alto porcentaje de los festejos en los que se anuncian estos toros. El toro de Prieto de la Cal supura emoción en cada arrancada durante el tercio de varas. Para el último tercio se demanda un torero muy experimentado en embestidas duras, fruto del aprendizaje y la orientación a lo largo de la lidia. No entregan sus embestidas fácilmente. Esperemos, que esta estirpe tan legendaria de toros de lidia, resurja y escale a lo más alto para poder disfrutar de ella.

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