El año de Juan Ortega
“¡Ojo con Juan Ortega, que tiene tirón! Esta temporada será”. Y no hay duda. Era uno de los comentarios que ayer se pudieron escuchar en El hotel El Pilar de La Carlota, en el encuentro organizado por el Círculo Taurino Juan Ortega que congregó a más de 300 personas.

La legión de fieles seguidores – anoten: de Sevilla, Córdoba, Madrid, La Mancha, Barcelona, y hasta de México– que siguen al trianero desde sus inicios, y aquellos que se han ido sumando a lo largo de sus nueve años de carrera desde que debutara en público, disfrutaron de una jornada de convivencia junto a su torero en la coqueta plaza del complejo hotelero carloteño.

El diestro criado taurinamente en Córdoba, por aquello de tener allí establecida su ‘sede’ estudiantil de la carrera de agrónomo, hizo el paseíllo ante su gente. Y es que la ocasión lo merecía. De corto, flanqueado por los subalternos que este año le acompañarán, como son Jorge Fuentes y ‘Perico de Cantillana’, y ante la atenta mirada del maestro Pepe Luis Vargas, lidió dos toros de Román Sorando.
El primero con más fijeza y exigencia, al que poco a poco comprendió Ortega, dándole su sitio y perdiéndole un pasito que le permitió hacerle esas ‘diabluras’ de pellizcos con la mano baja en la muleta, desmallado y quitándole las pilas al reloj que lo marca todo para parar el tiempo. Estocada entera. El segundo, más hecho, con buen trapío y de pelaje claro, salió ya gazapón y defendiéndose en el capote del diestro sevillano. En el caballo se alivió y floreció su mansedumbre. Hubo que lidiarlo en su querencia, dejando Ortega detalles y rematando con bernardinas a pies muy juntos. Media estocada

La mañana dio para más, pues estando en tan buena tierra y con la mañana agradable, la degustación gastronómica de viandas varias era obligatoria. Salmorejo, pinchos, frituras, y el plato estrella de la mañana: El cocido con su habitual ‘pringá’. Todo, para hacer el cuerpo a un ameno coloquio donde el crítico taurino Antonio Aguilera cogió de la mano a Lolo Chicuelo y al maestro Pepe Luis Vargas, y revivir la figura de gran Chicuelo, cuya aportación para la tauromaquia con la ligazón o el quite por ‘chicuelinas’ han sido claves en la evolución del toreo, sin tener el diestro de La Alameda el reconocimiento consonántico a su trayectorias e hitos. Una exposición de fotos antiguas sobre sus actuaciones sirvieron de homenaje para que los asistentes recordaran al torero.

Los nombres claves del coloquio fueron el toro ‘Corchaito’, los gallos, la figura de Manolete, las vivencias de faenas de Chicuelo en América, o el repaso del maestro Vargas a esos comienzos del niño que venía de Écija y que aprendía de los más grandes. “Yo no habré sido una figura del toreo, pero he bebido de grandes toreros que ha dado esta tierra. Intentaré transmitirte todo lo que me enseñaron para que tú sí seas una figura y cruces la puerta grande de la Maestranza”, dijo Pepe Luis a su pupilo Jun Ortega ante un nutrido salón.

Madrid, México, Francia…

El torero sevillano clausuró el acto presentando su temporada y recogiendo de manos de su peña un traje verde botella y azabache que lucirá es esta ilusionante e importante temporada para su carrera.





