Diego Bastos y el veneno 'por culpa' de Cobradiezmos

Actualidad Taurina

El joven novillero de la Escuela de Sevilla decidió perseguir el sueño de ser torero aquela tarde del indulto del victorino en manos de Manuel Escribano

Dice que las sensaciones que le ha transmitido la tauromaquia no se las ha transmitido nada en su corta edad. Fue hace tres años, en la corrida de Victorino Martín donde Manuel Escribano indultó a ‘Cobradiezmos’. A partir de ahí vino el veneno. A sus 14 años Diego Bastos compagina los estudios con su afición a la tauromaquia, aprendiendo cada tarde de los maestros Vargas, Pauloba y Curro Sierra en la Real Venta de Antequera, sede permanente de la Escuela Taurina de Sevilla. Llegó allí con 12, al inicio de la siguiente temporada al triunfo del de Gerena en Sevilla. “Desde muy chico me viene la afición, por mi padre. Al principio iba a la escuela, pero sin tomármelo muy en serio. Y a raíz de la corrida de los victorinos ya me lo tomé diferente. Y me prometí hacer todo lo que estuviera en mis manos para ser torero”, comenta.

 

 

Su sueño es llegar a matador de toros, pero para ello el camino es largo, y él es consciente. Este año ha sido su debut en público, una campaña de unos de cinco festejos, con puerta grande en Utrera incluida. Sin embargo, y viendo el nivel de compañeros y los de otras escuelas…: “Hay mucha competencia, como yo hay mil, y tengo que esforzarme cada tarde e intentar no ser uno más, porque este mundo es muy complicado y hay que despuntar para que se hable de mí. Eso se consigue con esfuerzo y en ello estoy”.

 


Ahora mismo, por su edad, solo puede lidiar añojos, por lo que para la próxima campaña estos seguirán siendo sus rivales en la plaza, hasta que cumpla los 16 y pueda debutar sin caballos. “Intentaré despuntar todavía más y seguir mi camino”, afirma. Y es sabedor de que también, amén de la competitividad, hay que pulir fallos evidentes y normales en un chaval de 14 años, pero se puede corregir todavía. “La colocación, la composición de la muleta, entrar a matar, la posición del brazo, la mano…”

 


Para Bastos su concepto está claro: “Romper los toros por abajo, y que el muletazo tenga la máxima profundidad. Todos los toros no me permiten hacer ese toreo, pero por ejemplo el de Utrera, con uno de El Torero, tenía unas cualidades que me permitió hacer mi toreo”. El toreo de Camino, Roca, El Juli o Aguado son sus espejos, y de cada uno intenta coger matices para llevarlo a una tauromaquia con la que pretende evolucionar y hacerse un hueco en el escalafón de torcantanos

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