CRÓNICA SEVILLANOS 23 JUNIO

Actualidad Taurina

Antonio Nazaré y Pablo Aguado, que reaparecía tras la grave cornada en Las Ventas, triunfan en la jornada dominical saliendo por la puerta grande en sus respectivos compromisos. Morante emborrona con los aceros su actuación en Alicante y es ovacionado

 

MAUGUIO (Fr.). Antonio Nazaré OREJA y OREJA. Toros Aimé Gallón e Hijos

Antonio Nazaré construyó bien la faena de su primer toro. Con un toreo clásico que se centró en el público, dejó los mejores pasajes por natural antes de estoquear al astado. Oreja. En su segundo, el nazareno instrumentó una faena de motor desde el principios del trasteo. El sevillano lo citó desde el centro del ruedo por el pitón izquierdo, continuando con buenos pases por el detecha tras un aplaudido cambio de manos. La faena fue a más y la faena cobró bastante interés. El toro tardó en caer, pero la actuación fue tan sólida que se le concedió la orejas. Alterno con el dieatro de Dos Hermanas Damián Castaño y El Aodureño, que salió a hombros con el sevillano.

 

 

LEÓN. Pablo Aguado OREJA y OREJA. Toros Hermanos García Jiménez.

 Pablo Aguado, que reaparecía tras el percance de Madrid, no tuvo suerte con su lote. Su primero fue devuelto tras partirse un pitón y sustituido por un sobrero de la misma casa flojo y muy descastado, con el que dejó destellos de su buen corte en el toreo al natural. Y con el incierto sexto tiró de raza en una faena de más voluntad que lucimiento. Así y todo cortó una oreja de cada uno de ellos. El Fandi y Cayetano Rivera acompañaron al diestro hispalense en su salida a hombros por la puerta grande del multiusos de León 

 

 

ALICANTE. Morante de La Puebla OVACIONADO en ambos toros de su lote de Garcigrande

 Morante anduvo fiel a lo que viene haciendo en cada tarde de esta temporada con sus primeros toros, es decir, en los detalles, exquisitos algunos de ellos, pero sin poder redondearlos ante un toro noblote, bajito de raza y con tendencia a echar la cara arriba al final de cada muletazo.

En el cuarto hubo algo más de entidad, aunque la faena fuera nuevamente una sucesión de pinceladas sueltas de bella expresión. La gente cayó encandilada con el aroma de Morante, que, a decir verdad, pegó los mejores muletazos de la tarde dentro de una labor abrochada con sumo arrebato. Tenía el triunfo en la mano, pero la espada, su mala espada, se lo acabó arrebatando. El Juli salió a hombros tras una segunda faena de poder al quinto Garcigrande al que le cortó las dos orejas, y Paco Oreja fue ovacionado en su primero y se llevó un apéndice como premio a la actuación en su segundo.

 

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