CRÓNICA | Magníficos apuntes de Aguado con una deslucida corrida de Bañuelos en Burgos
BURGOS. Pablo Aguado VUELTA AL RUEDO con PETICIÓN de oreja y OVACIÓN
El joven sevillano Pablo Aguado, que dio la única vuelta al ruedo, fue el único que pudo dejar un pequeño esbozo de su magnífico sello en la tercera corrida de la feria de Burgos, un espectáculo condicionado por la falta de raza y fuerzas de los toros de Antonio Bañuelos, que lo deslucieron todo.

Aguado llegaba a Burgos en sustitución de Roca Rey, y en su primero dejó constancia del buen concepto que tiene, ese aire clásico, sin alharacas, tan auténtico y de aroma a toreo antiguo.
Es verdad que no pudo redondear faena por la falta de raza y fuerzas del astado, pero, así y todo, dejó un ramillete de naturales sueltos de exquisita firma. Le pidieron la oreja, pero el palco se cerró en banda y tuvo que conformarse con una vuelta al ruedo.

El sexto fue otro toro que se vino abajo a las primeras de cambio, y Aguado, que brindó faena a la parroquia que abarrotaba el Coliseum burgalés, volvió a dejar destellos de mucho aroma dentro de una labor que no llegó a tomar vuelo por culpa de la condición del "bañuelos", al que mató de una estocada defectuosa.
En el mismo festejo, Miguel Ángel Perera escuchó palmas en el que abría plaza y fue silenciado en su segundo. Emilio de Justo no pudo triunfar como el día anterior en Soria y fue silenciado en parte por el mal juego de los ejemplares de Bañuelos.





