Carlos Fernández, novillero de Lora con aromas de La Puebla
El novillero cigarrero, ahora afincado en La Vega del Guadalquivir, se erigió triunfador del pasado ciclo de novilladas de La Algaba, además de presentarse en Sevilla y participar en el certamen de las Escuelas Andaluzas
Dicen que quien tiene la moneda, puede cambiar el destino de las cosas. Él hace un tiempo tuvo que cambiar La Puebla por Lora del Río, donde actualmente vive y trabaja, sin dejar atrás unos años de su niñez por las antípodas germanas de Alemania, debido a los designios laborales de su padre. Aun habiendo bebido en su crianza y pubertad de las aguas ribereñas del Guadalquivir, a día de hoy Carlos Fernández se anuncia como novillero de Lora, y alumno de la Escuela Taurina de Córdoba. A pesar de estar unos kilómetros arriba del cauce del río, admite tener ese toreo de arte se respira por La Puebla.

“A Lora llegué a los 18 años para trabajar en una empresa. Estratégicamente está muy bien situado porque hago mucho campo y está a mano de muchas ganaderías, también a poco tiempo de la Escuela donde entreno. La verdad que me siento como en casa. El pueblo me ha apoyado mucho, y es como una familia. Me han acompañado a plazas importantes en esta temporada pasada”. Y es que 2019 ha sido muy importante para Fernández. Ha sido su tercer año como novillero sin caballos tras debutar en público en 2016 en la novillada que continúa al encierro matinal de La Puebla por San Sebastián, donde salió a hombros junto a Calerito. En total lleva una veintena de festejos desde entonces.

Durante la campaña que ya arribó por El Pilar se anunció en el certamen de promoción de las Escuelas Andaluzas que televisa Canal Sur, ganó el ciclo de jóvenes novilleros de La Algaba en el mes de septiembre, y antes venía de dar una vuelta al ruedo en las novilladas de julio que organiza la Maestranza. Todo un sueño hecho en realidad que acabó con una vuelta al ruedo y una más que notable impresión.

“Torear en Sevilla no se puede explicar. Es un día con el que llevo soñando desde que empecé en esto. Terminó la novillada y no me había dado cuenta de que ya había pasado. Es indescriptible. Estar ahí, pisar el albero, todo lo que he vivido allí desde pequeño, cuando repartía los carteles con otros chavales; tantas corridas de toros y novilladas a las que he asistido. Se hacía real”, afirma. Como ya es sabido no entró en la terna definitiva que compuso la final, aunque luego llegó la novillada de Astolfi en la algabeña plaza de Los Carros y se erigió como el máximo triunfador del serial septembrerino tras cortar dos orejas. “La Algaba para mí era muy importante. Marcaba un punto de inflexión porque había sido una temporada bonita, y necesitaba ponerle un broche final. Las cosas salieron muy bien”.

Admite que no le gusta definir su toreo, prefiere que eso lo estime la afición. Aunque mentiría si no dice que el toreo de alma y pureza es el que le embauca, como Morante, su torero de cabecera. “Lo tiene todo”, asegura. “Para mí reúne todas las cosas que los novilleros pensamos llegar a ser. Tiene la magia – explica – y eso no se puede conseguir entrenando, sino naciendo con ello”.

La temporada que está por entrar a la vuelta de la esquina “va a ser muy ilusionante. Y dentro de poco daré a conocer fechas importantes en las que me anunciaré. Debe de ser un año muy rotunda”. De momento sin mentor, encuentra apoyo con algunos taurinos que se ayudan de forma desinteresada, además del respaldo de la Escuela cordobesa. Quienes lo siguen aseguran que además de la técnica, transmite, llega, y eso es lo más importante. Sobre todo para un veinteañero con aromas de La Puebla como Carlos Fernández que sueña con ser torero





